lunes, 2 de julio de 2018

EL CIELO DEL URBAN

Qué bonito es darse besos por la calle
entre las luces del hotel Palace
y las de la fuente de Neptuno,
entre los árboles de Madrid
y su horizonte abierto,
paseando por la plaza de la Lealtad.

Darse besos, besarse mucho,
besos que digan «te sigo queriendo»,
«todo está perdonado»,
«cuídate mucho».

Qué bonito es besarse en verano,
besos y flores, besos y pájaros,
besos que suceden caminando.

Besos con ojos abiertos,
besos con ojos cerrados,
besarse a cualquier edad,
en cualquier momento,
en las horas azules y en las grises,
mientras el viento tensa los puentes,
en las azoteas de Madrid,
en todas sus terrazas,
en el cielo del Urban.

Besos al caer la tarde,
besos entre sillones, tumbonas y veladores,
besos con sabor a quinoa,
besos como sonámbulos que caminan,
que pasean por San Jerónimo,
besos anchos, suaves
como el lomo de las nubes,
besos a deshoras,
besos que hacen milagros.
Madrid es la ciudad de los besos,
Madrid tiene su lenguaje.




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