martes, 16 de junio de 2015

ODA A ROMA


Lo fugitivo permanece en Roma,
se subleva, cura.
Busco en los escenarios de Sorrentino
que se aclaren las cosas por sí mismas,
que la verdad vuelva a ser belleza.
Paso por el peor momento de mi vida:
Roma o Morte.
Roma, Roma, Roma.
Podéis creerme:
siempre es agradable
volver a Roma.
Cuando el amor nos enseña
su lado más cruel,
cuando el futuro crece
y no nos invita
a su fiesta de graduación,
cuando todo es ya
de un color muy pálido,
tan pálido que duele,
la Fontana dell’ Acqua Paola
puede hacernos sentir
como Anita Ekberg,
aunque solo
por un instante
muy breve.
Cumplir años en Roma,
perderse en el Templete de Bramante,
brindar con champagne en Via Veneto,
junto al anuncio de Martini,
sentirse dentro
de la disparatada fiesta
de cumpleaños de Jep Gambardella.
Perderse en Roma,
como un turista despistado
sin nacionalidad,
por el parque de los acueductos
y la Via Appia,
ser performance.
Pasear por Roma
como Jep y Orietta,
volver a soñar
en la Piazza Navona,
sonreírle a los cuatro ríos
de la fuente de Bernini.
Dejar que todo se amotine en Roma,
que se rebele, que arda,
desafiar la belleza.
Roma o Morte,
Roma, Roma, Roma.


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