martes, 24 de febrero de 2015



Vi llorar a alguien
a quien quiero,
y no supe
cómo consolarle.

Alrededor de nosotros
siempre
pasan cosas.

Al volver 
un hombre 
cogía cartones de la basura,
su única posesión
era su bicicleta.

El mundo nos empuja.

En mi casa, por la tarde,
perdida en textos
y papeles,
rumores y sombras
me atormentaron
y entonces
también
lloré yo.

Recordé las mil grullas
de origami
de las que me habló
mi amigo,
él lloraba
sobre su huella.

Hoy fue un día
de esos íntimos,
circulares,
que estallan
en un ruido.

Esta noche,
como siempre,
la luna luce tan gentil
en su cielo,
la luna que no sabe

nada de mí.

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