miércoles, 9 de julio de 2014



                                                    Fotografía de David Yeste

Una garza zancuda
se ha posado en mi café.
Es blanca,
huele a plátano y galletas,
al sudor
de una noche afgana.

Una garza solitaria
me devuelve
un trozo de mi pasado
y veo en ella
algo de mi futuro.

Una garza perdida
dice
que hoy es la peor noche del mundo,
que hoy ha muerto un hombre
que hacía libros
y tenía cincuenta y dos años.

Mi garza tiene ideas propias,
no se conforma
con anidar en mis notas,
está bien cargada de sentido
y bien dispuesta;
ella escribe conmigo
y me entretiene,
busca en mis maldiciones
rincones de versos
pasados de moda.

Desnuda está mi garza,
como el arte de la poética,
como la nostalgia del sol en las terrazas,
como el peso del vértigo
en el tiempo.

Hoy es la peor noche del mundo,
hoy la luz deja
el poso del invierno

entre mis dedos.

2 comentarios:

  1. Me gustó muchísimo este poema Noemí....gracias por compartir.

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  2. Ella se quiere ir
    y yo no quiero que se vaya.
    Dice que le asfixia esta ciudad,
    que ya no la soporta
    y quiere olvidar lo que recuerda.
    Está cansada de respirar su pasado.
    Yo no quiero que se vaya
    y, egoísta, le propongo la apnea.
    Dice que no soporta pasar por la casa
    en la que vivió once años
    y yo no quiero pasar por la suya
    sin la posibilidad de que el azar nos cruce.
    Y dice todo esto
    con los ojos de una adolescente
    que estrena zapatos nuevos
    mientras me llena de libros los pulmones
    y asisto a sus partos.
    Cuando quiero mucho quiero mal.
    La abrazo, pero ya se ha ido.
    Y salgo calle abajo cargado de palabras
    en estos tiempos que morimos.
    Cuando descargo en la mesa
    los versos que me ha dado,
    me duelen sus brazos.

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