lunes, 28 de julio de 2014



                                       Fotografía David Yeste

Hay un largo y solitario túnel
lleno de zarzamoras.

Por sus pasillos me quito el vestido
y camino sola
y desnuda.

Sucia de páginas en blanco
y de la arena de Carboneras,
oigo la voz de Pessoa
susurrarme
que todos los mensajes
se adivinan.
Se adivinan.

La mitad de mi túnel está
llena de lumbre,
la otra mitad llena de frío.
Me gasto en este no dormir.

En mis paseos nocturnos
se baten espadas,
palabras y lirios.
Me ocurre siempre.

Camino como quien soy:
Una poeta sin casa.

A veces miro las puertas
de otras habitaciones,
de otros túneles,
de otras cárceles.
Todo, al final,
es siempre
la misma trampa.

Soledad Montoya
me dice,
como buena madre,
que no las abra:
que el éxito
solo se cifra
en asumir la propia
desnudez.

Soledad Montoya
corre por mi túnel
como una loca.
Algunas noches.

Sería más dulce pasear
a lo largo de un río.

Puede que un día encuentre

un espacio en el que quedarme.

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