lunes, 14 de julio de 2014

                                                                               Fotografía de David Yeste

Echo de menos salir de casa para trabajar,
ir donde el mar bate y canta,
tener compañeros con los que charlar,
echar una moneda a la máquina de café.

Echo de menos esa luz color de acero
de las oficinas,
mirar el gran río que es la gente,
coger el teléfono,
perderme en los rincones,
tomar un café largo
a unos pocos pasos de la ventana.
Doble de azúcar
y con rastros de agua de nieve.


Echo de menos tener una casa
a la que volver,
preocuparme por los muebles de la cocina
o de abrillantar el parqué,
habitar un cuarto propio
en el que jugar a hacer versos.


Echo de menos la luz, la música
y la expresión de mi propio deseo.
Echo de menos el amor correspondido,
la tenue sensación
de ocupar tu lugar en el mundo
y en el corazón de las cosas.


El café es mi mejor amigo,
comparte conmigo
cómo el tiempo se adensa
en mis habitaciones.

Sin hacer ruido.

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