miércoles, 19 de marzo de 2014

ODA A FEDERICO GARCÍA LORCA




Ni un solo momento, querido Federico,
he dejado de buscarte en esta ciudad que primero
te acogió a ti.
Quiero que sepas que aquí todo el mundo te recuerda:
Lorca el músico, el hombre lleno de canciones.
Llegué a esta ciudad cuando mi piano estaba mudo
y padecía tu misma melancolía de no poder vivir
mi vida auténtica, la vida que yo ansiaba.
Llegué a Nueva York con ramos de flores pidiendo agua
y lo primero que vi en la ciudad de las luces fue una rata.
No he encontrado ningún ángel oculto en las mejillas
de la Estatua de la libertad, todo aquí es desproporcionado.
Levanté mi voz en Broadway, hice mi primer Viaje a la luna,
recordé tu cara fresca, tu pelo negro, esa foto tuya
en la que apenas tenías veinte años.
Morí de amor muchas noches, miré a las cigüeñas en las ventanas,
crucé puentes, descansé de un año rabioso
que se portó muy mal conmigo.
Te busqué, incansablemente,
en la piedra caliza, el granito y el cemento.
Por todas partes te busqué y quise sentirte
y me reconocí a mí misma de pequeña,
aquí donde todo es tan grande.
Bailé un vals en Central Park,
tu vals en las ramas,
canté en el arca de Noé.
Me pregunté mil veces para qué servían mis versos,
tus versos,
parí, inventé, huí de Nueva York,
llegué a La Habana, deseé.

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