domingo, 9 de junio de 2013




7 de Junio. Pabellón del banco Sabadell. A Lorenzo Silva y a mí nos entregan el V premio La Brújula por nuestra novela juvenil Suad.  Entre el público compañeros y amigos, personal de la editorial San Pablo y de Ediciones Tagus, que ha digitalizado el libro, y representantes del banco Santander que patrocina el premio.
Empecé a hablar diciendo que soy poeta y mencionando un poema de Gloria Fuertes que dice:

La poeta se casó con el poeto
y en vez de tener un niño
tuvieron un soneto.

¿Por qué quise empezar diciendo esto? Pues para poner de manifiesto que en mi familia todos, de una forma o de otra, escribimos. Tengo la suerte de estar casada con un gran novelista con 43 novelas a sus espaldas. Yo escribo poesía desde que tengo 14 años. La mayor de nuestros hijos, Laura, escribió un cuento con su padre con tan solo 11 años. Y a veces esto es criticado. Yo quise dejar claro que en mi familia amamos los libros. Hay más de 5000 libros en cada una de nuestras dos casas. Viajamos con nuestros hijos por toda España y parte del extranjero y les llevamos a festivales de literatura y presentaciones de libros desde que tienen uso de razón: es normal que  en una familia que vive vinculada a la cultura como nosotros se den muestras diferentes de manifestaciones artísticas.
También quise decir que yo escribiré pocas novelas. Yo soy, y no me avergüenza, básicamente una poeta. Mejor o peor, no me corresponde a mí decirlo, pero soy poeta. ¿Y por qué una poeta
se pone a escribir una novela con su marido? También quise decirlo. Porque en casa hay cuatro niños. La mayor tiene 14 años y la pequeña tiene 4 meses. A nuestros cuatro niños les hemos contado historias desde pequeños, historias para dormirse e historias para despertarse. Historias de todo tipo. Y ellos, a su vez, nos las han contado a nosotros. Nuestros niños van creciendo y queríamos acercarles libros que para nosotros eran importantes y que, sin embargo, no despertaban su atención. Lorenzo Silva y yo unimos fuerzas en Suad para hablarles a nuestros hijos de varias cosas e intentar transmitirles unos valores:

La sinceridad. Nuestra protagonista, Laia, asume la necesitad de decir la verdad incluso cuando esa verdad no la deja demasiado bien.

La confianza. Laia comete un error. Se podría decir que toda la novela es la historia de una equivocación. Y con ese error Laia hiere a toda su familia. Cuando traicionas la confianza de la gente que te quiere es difícil recuperarla. Eso es algo que también queríamos decirles a nuestros hijos.

El amor. El amor como valor y tema central de todo el libro: el amor de los padres a sus hijos, el amor entre hermanos, el amor adolescente... Y, por supuesto, que uno debe quererse uno mismo para ser capaz de querer bien a los demás. Podríamos considerar como subtemas el perdón, los remordimientos y la culpa. Todos ellos sentimientos universales que hemos experimentado muchas veces y, no por ello, dejan de sorprendernos. Hay algo mágico en cómo un padre mira la fotografía de sus hijos y, por mucho que la mire, ese sentimiento seguirá ahí. Un padre, o una madre, nunca podrá mirar la fotografía de un hijo suyo y sentir indiferencia. Por eso, uno de los momentos más dramáticos de la historia, es como la protagonista se enfrenta a esas fotografías de sus hermanos y siente celos.


La amistad es otro tema importante en la novela y del que también les queríamos hablar a nuestros hijos. Queríamos transmitirles cómo vivimos en una época en la que podemos tener cientos de amigos en las redes sociales y sentirnos solos cuando tenemos un problema y sin nadie a quién acudir.

Y queríamos, sobre todo, enseñarles a nuestros hijos a compartir. Dar y dar y dar hasta que duela. Hace unos días Lorenzo y yo fuimos a la clase de 5 de primaria del colegio Doctor Trueta de Viladecans, donde estudia mi hija Judith. Les preguntamos a esos niños de 10 años si aceptarían, de golpe, que sus padres les dijeran que este verano querían adoptar a un niño saharaui y que ellos tendrían que compartir su cuarto, sus juguetes y a sus padres con él. Todos dijeron que no.
Yo conocí a una niña saharaui llamada Suad. La adoptaron un verano unos amigos míos. Suad vino a verme a la escuela municipal de danza donde yo trabajaba. Una niña de las que venía a bailar se había comido un huevo Kinder y había dejado el papel y el regalo tirado por el suelo. Yo recogí el papel y le di a Suad el regalo del huevo Kinder. Era la primera vez que Suad recibía un regalo en sus 8 años de vida. Desde ese día Suad vino a verme todas las tardes del verano a la escuela de danza a darme un beso: yo era la primera persona en su vida que le había hecho un regalo. 

Queríamos hablarles a nuestros hijos de todas estas cosas y de muchas otras. Queríamos que pensaran que en el desierto del Sáhara no hay huevos Kinder ni otras muchas cosas que a ellos les sobran.
Y, a la vez, Lorenzo y yo queríamos hacer nuestro pequeño homenaje a dos libros que nos han marcado: La metamorfosis, de Franz Kafka, y El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger.
Y, por último, nos motivaba transmitirles a nuestros hijos que no deben competir entre ellos ni sentir celos el uno del otro. Todo esto junto es Suad.

Para mí es una novela especial porque sé que no escribiré muchas novelas y que no escribiré muchas novelas con Lorenzo. Creo que Suad mantiene mi mirada de poeta, esa fuerza que tenemos los poetas para hacer explotar los sentimientos y llevarlos al límite, y la técnica narrativa de Lorenzo.

Me sentí feliz cuando nuestra hija mayor, Laura, nos dijo que se sentía identificada con Laia. Porque Laia es una chica de 16 años que se equivoca y, al fin y al cabo, ¿quién no ha cometido una equivocación de la que luego se arrepiente? Suad es la historia de un aprendizaje. Esperamos que sirva para que los lectores puedan hacer un poquito suyo ese aprendizaje.




http://ilustradoresaragoneses.blogspot.com.es/2013/06/lorenzo-silva-y-noemi-trujillo-reciben.html


Estrella Juarez y Noemí Trujillo en la firma de Suad en la caseta 228 de la editorial San Pablo.

Sergio Arrieta y Noemí Trujillo en la firma de Suad en la caseta 228 de la editorial San Pablo


¿Cómo fue la experiencia de escribir juntos? ¿Es la primera vez que escribís juntos?

L.S. No era la primera vez que lo hacíamos Noemí y yo, ni tampoco la primera vez que escribía con otra persona. Ya lo hice con Manuel Martín Cuenca cuando escribimos juntos el guión de La flaqueza del bolchevique, con Luis Miguel Francisco cuando escribimos el libro Y al final, la guerra, sobre la guerra de Irak y con mi hija Laura cuando escribimos El videojuego al revés. Escribir con alguien implica respetar al otro y compartirlo todo, no poner en el libro nada en lo que los dos no estén completamente de acuerdo. Noemí ha sido muy buena compañera en ese sentido, hemos podido consensuarlo todo sin dificultad.

N.T. Lorenzo y yo hemos escrito juntos en varias ocasiones. Quizá porque nuestra familia es lo que llaman una familia “recompuesta” nos interesa mucho el tema de las relaciones familiares. Hemos escrito también un cuento infantil que habla de madrastras y padrastros buenos, porque ya está bien de que siempre sean las madrastras las malas de cuento. La familia de Laia tiene la peculiaridad de que decide adoptar a una niña saharaui y, de esta forma, Suad se convierte en hermana adoptiva de Laia.
Lorenzo es muy inteligente y muy exigente, se exige mucho a sí mismo y, por lo tanto, les exige mucho a los demás. Escribir con él es un reto constante porque siempre tiene el listón muy alto. Lorenzo siempre me recuerda que esta profesión es como la de un funambulista que camina por la cuerda floja: un día estás arriba y cualquier mal paso te hace caer. Sin embargo, pese a toda la presión que siento al escribir junto a alguien como Lorenzo, una vez terminado el libro sientes que el esfuerzo ha merecido la pena.



Lorenzo Silva y Noemí Trujillo, fotografía de Ana Portnoy



Por cierto, podéis escribir a Laia a la cuenta de correo: hazleweatherfield2008@gmail.com
y a Suad a la cuenta:ssuadd@gmail.com. Ellas contestarán en cuanto les sea posible.

Suad estará a la venta en la caseta 228 Editorial San Pablo durante toda la feria del libro de Madrid y también en toda su red de librerías. También la podéis encargar en vuestra librería habitual o comprar en Ebook en este enlace:




"El cielo se me vino encima aquella noche. Es lo que pasa cuando uno habla sin querer y hace las cosas sin pensar, que luego no sabe dónde meterse. El mundo es demasiado pequeño para esconderse de algo así."

Fragmento de Suad

6 comentarios:

  1. Un placer leeros y encontraros por aquí. Tan guapos.

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  2. Qué bueno...Enhorabuena, preciosa.
    Besos

    Bego

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  3. No hay mejor manera de conquistarme que comenzar citando a Gloria Fuertes. Enhorabuena por vuestro premio y gracias por vuestras palabras.

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  4. ¡Qué interesante! ¡Enhorabuena!

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  5. Escribir pensando en los propios hijos me parece una fórmula ideal. Sabes bién qué quieres decirles y encuentras el modo de hacerlo. Enhorabuena por esa asociación literaria de tan buen resultado, por esa familia tan unida entre sí y unida a la cultrua y por ese premio que es, casi, lo menos valioso de todo. Saludos cordiales.

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