jueves, 4 de abril de 2013


He empezado a autocensurarme.
Cada vez escribo más poemas que no quiero publicar;
los guardo en una carpeta amarilla y grande
en el viejo cajón de mi escritorio.
En la carpeta cerrada con gomas
(es peligrosa)
puede leerse:  Top secret.
Es como una caja para criar abejas,
tendré que aprender a convivir con ella.
A veces me pregunto si mis poemas tienen hambre
o si se afligen porque nadie los lee.
Entonces recuerdo el aguijón
y los ignoro de inmediato.
La carpeta es temporal:
es mi ojo enfermo.
Algún día estos poemas
dejarán de vivir en las tinieblas
y mis secretos saldrán a la luz
como cuchillos dispuestos a ser desenvainados.
Ahora me siento débil
y los escondo.

3 comentarios:

  1. Creo que cualquiera que escriba un material tan altamente peligroso como un poema, acaba por esconder algunos. Un poema puede arruinar la vida social de cualquiera, no sólo por su contenido escandaloso, sino porque en este país, escribir, pensar, unir palabras con intención intelectual o artística se considera sospechoso.

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  2. Yo te diría que siguieras Noemí. A veces escribimos cosas que no nos gustan, pero tu estilo es muy personal y llega a mucha gente. Un abrazo grande y espero que estés bien.

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  3. ¡Cómo te entiendo! Cajas no, cajones he llenado yo con los míos.

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