miércoles, 20 de marzo de 2013


La ermita de Mila es mi ermita,
su soledad es mi soledad;
escritora cangrejo que vive
dentro de una concha abandonada,
ermitaña.
Santa Caterina o Sant Ramón,
la melancolía de las montañas
habita en las dos.
Lady Lazarus, dama Lázaro,
señora de Matías,
Dios no ayudó.
Subo y bajo de la ermita cada noche
desde hace treinta y seis años.
Yo sola con mi aliento de abandono.
A veces, Víctor Català y Caterina Albert
vienen a verme a Sant Ponç.
Solo a veces.
Les digo: estas son mis manos
y no han creado nada.
Y veo en mí un saco de piel y huesos.
Ellos me contestan: “La basarda un se la fa”.
Sentada en el suelo de mi cabaña,
eremita en la casa más remota,
rodeada por una niebla llena de ovejas,
me enfrento a mis enemigos
y medito bajo una luz glauca.

1 comentario:

  1. La poesía siempre es soledad, el estar encogido en esa concha de incertidumbre que apenas aciertan a romper las palabras.
    Un abrazo fuerte desde Rivas. Y enhorabuena por el poema.

    ResponderEliminar