miércoles, 27 de febrero de 2013


La cuenta de un restaurante de Roma
cerca del Foro de Trajano,
las tres casas de Pablo Neruda en Chile,
Getafe Negro en Viladecans,
una postal de Safo que compramos en Pompeya,
un cartel de Vilapoètica  con una foto en
la que me reconozco,
la portada americana de La muchacha de los ojos tristes,
la Gran Vía de Antonio López,
rosas rojas,
un membrillo maduro,
Madrid desde la torre de bomberos de Vallecas,
dos amantes que se cuentan un secreto,
La noche estrellada de Van Gogh,
una terraza de Marrakech en el jardín de la Menara,
imágenes del Tacheles de Berlín,
el puente de Avignon,
el himno del milenario de Viladecans,
recuerdos de Nueva York,
el edificio del centro de estudios Garrigues en el Paseo Recoletos,
una foto de Kafka en la que se le ven los ojos azules.
Estos son mis cuadros y mi única propiedad:
todo lo demás es una perspectiva de alquiler,
un grajo negro en tiempo de lluvia.
De vez en cuando, lo admito,
deseo volver a tener casa.
Aunque lo cierto es que no puedo quejarme:
he llegado hasta el límite blanco del mundo.





1 comentario:

  1. Para algunos, especialmente para quienes intentan hacerlo más acogedor, el orbe entero puede ser hogar. Abrazos.

    ResponderEliminar