martes, 6 de marzo de 2012

GENERACIÓN DEL 76,
hijos de la democracia,
poetas de un mundo globalizado,
todos traducidos al inglés
y muchos sin trabajo.

Generación del 76,
grandes admiradores de Lorca,
cansados de algunas nuevas poéticas,
de lobos y sapos,
rotos por la incertidumbre.

Volvemos a la tradición,
hacemos explotar el verso libre,
poetas sin casa, sin diario.
Vivimos en los blogs,
publicamos en las redes sociales,
nos comemos nuestros sueños,
nos movemos en metro,
en bicicletas alquiladas,
no leemos sólo en papel.

Generación del 76,
el post es el poema,
poetasteléfonomóvil,
poetastweet,
siempre conectados.

Que alguien me diga a dónde nos lleva
esta soledad de internautas,
que alguien me diga qué quedará
de esta generación sin lápices de colores.
De nosotros, los desahuciados,
los que no pudimos tener hijos,
comprar un piso,
hipotecarnos, soñar.

Generación del 76,
víctimas del crack de 2008
y del estallido de la burbuja inmobiliaria,
poetas sin maestros, sin zapatos,
poetas solos en su cuarto.

De vez en cuando,
para consolarnos,
viajamos.

Ojalá llegue pronto
un futuro nuevo
o alguna mariposa.




YO QUERÍA TENER UN HIJO
AL QUE IBA A LLAMAR JOAN.
Yo quería tener un hijo.
Pero ese deseo se perdió
por los arcos de mi piernas,
maldita infertilidad.
Eso me hizo odiar a todo el mundo
cuando yo quería amar.
Yo quería tener un hijo
y desde el principio
todo fue mal.
A veces hago
como que le llamo
y susurro muy despacio:
Joan, Joan, Joan.
Sé que si alguien me escucha
pensará que estoy loca,
pero al menos un instante cada día
en ese momento de locura
puedo creer que es verdad.
Hay quien dice que la menopausia
me está sentando mal.
Todo se ha ido y me quedan
mis sueños mutilados,
detrás de la ventana
un cielo hecho añicos se emborracha.


“Si te hablo y callas
se cerrará el parque”.
 La niña de la Colina, Felipe Sérvulo


HE TENIDO QUE IRME A NUEVA YORK,
para entender esto:
Que el amor es diferente para todos,
que hombres y mujeres aman de distinta manera,
que la vida no es lo que uno quiere,
que el mayor placer está en las cosas pequeñas.
Se han cerrado mis parques
y me ha ganado el silencio
y hace muchas noches que nadie
me susurra:

¡Ábrete, Sésamo!




ODA A FEDERICO GARCÍA LORCA

Ni un solo momento, querido Federico,
he dejado de buscarte en esta ciudad que primero
te acogió a ti.
Quiero que sepas que aquí todo el mundo te recuerda:
Lorca el músico, el hombre lleno de canciones.
Llegué a esta ciudad cuando mi piano estaba mudo
y padecía tu misma melancolía de no poder vivir
mi vida auténtica, la vida que yo ansiaba.
Llegué a Nueva York con ramos de flores pidiendo agua
y lo primero que vi en la ciudad de las luces fue una rata.
No he encontrado ningún ángel oculto en las mejillas
de la Estatua de la libertad, todo aquí es desproporcionado.
Levanté mi voz en Broadway, hice mi primer Viaje a la luna,
recordé tu cara fresca, tu pelo negro, esa foto tuya
en la que apenas tenías veinte años.
Morí de amor muchas noches, miré a las cigüeñas en las ventanas,
crucé puentes, descansé de un año rabioso
que se portó muy mal conmigo.
Te busqué, incansablemente,
en la piedra caliza, el granito y el cemento.
Por todas partes te busqué y quise sentirte
y me reconocí a mí misma de pequeña,
aquí donde todo es tan grande.
Bailé un vals en Central Park,
tu vals en las ramas,
canté en el arca de Noé.
Me pregunté mil veces para qué servían mis versos,
tus versos,
parí, inventé, huí de Nueva York,
llegué a La Habana, deseé.


ODA A LA CIUDAD DE NUEVA YORK
Durante un tiempo soñé vivir en tus faldas,
estudiar en CUNY, llevarme a los niños a aprender inglés.
Durante un tiempo, cuando no podía dormir,
imaginaba cómo sería vivir en el Soho.
Quería pintar tus calles bohemias, multiétnicas,
el color de la comida en la calle,
quería acostarme en tu diván
y coger aviones sólo de ida.
Te descubrí en mayo, te miraba una y otra vez,
me quedaba sin ojos de pensarte tanto.
Luego vi tu raíz amarga, tu gigante soledad,
tu elegancia apabullante, las mil terrazas.
La ciudad más divertida del mundo,
la que menos duerme,
un cielo de millones de ventanas
donde todo está al alcance de la mano
y donde todo es también parte de la nada.
Ciudad espejo, ciudad llama,
ciudad desnuda y sin manzanos.

Del poemario Brooklyn Bridge, finalista de la XXXIII
edición del premio internacional de poesía Ciudad de
Melilla.


Publicado en: En la misma orilla, La marmita de poesía (Otro Lunes)

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