Muero siguiendo la mirada de la lupa capitolina,
con la vista cansada y mis ocho pechos indefensos.
Quizá nunca más volvamos a aparearnos entre enero y abril,
igual jamás entramos en celo.
Un dardo en nuestras entrañas impide el ritual del coito,
me pregunto por qué no puedes montarme por detrás como una loba
y eyacular múltiples veces en mí.
Sería más fácil si fuéramos lobos.

de lo mejor de este año, contar con tu amistad y leerte, besos, sigue luchando, feliz tarde
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